Mis Vegas

Nuestro espíritu aventurero femenino brilla en cada viaje que emprendemos y le da matices únicos a cada experiencia. La forma como vemos el mundo las mujeres y armonizamos lo siempre visto, con lo recién descubierto, es una habilidad poco comentada y oculta tras la naturalidad cotidiana de ser mujer.

Las mujeres recordamos el mundo desde nuestra sensibilidad y creamos nuevas versiones de él a través de nuestra complejidad. La construcción de esta imagen en la foto, es más de lo que se ve; es lo que viví allí, lo que sentí, lo que pensé en ese instante de vida consciente, en ese lugar y en ese momento entregado a mi historia personal.

Tras un viaje hay muchas fotos y tras una foto una emoción, un recuerdo impecable de todo lo disfrutado, las mujeres recordamos el sentimiento exacto, el olor preciso, el color vívido, el sabor consistente, la temperatura y la presencia de cada elemento que compuso la escena y bailó al compás de la experiencia en la memoria.

Durante esta foto ocurrieron cosas inolvidables que solo yo puedo ver, sentir y presenciar en ella. Tal vez la persona que la ve piensa que me veo guapa (o no…) y el lugar es lindo y agradable, pero yo veo más que eso. Yo sentía la distancia de mis hijas y me dolía el pecho por su ausencia, estaba inmensamente feliz y agradecida por estar allí y me sentía orgullosa de haber practicado mi mal Ingles. Me tenía loca el olor de los macarrones recién horneados que impregnaba el espacio y me salivaron la boca. Me mantenía constantemente intrigada por un techo azulado simulando un atardecer eterno, que seguramente tenía la intención de hacerme creer que no anochecería, y podía seguir comprando chucherias toda la vida.

También escuchaba la hermosa voz de un cantante aficionado de esos que van a los casting de los concurridos musicales, y veía cómo impulsaba la góndola sobre el río falso, paseando a una turista rubia en shorts riendo a carcajadas. Me hizo reír.

Alcanzaba a ver borrosa la barra del bar de oxígeno, que siempre permanecía llena de gente tratando de camuflar la resaca física y moral del día, la tarde o la noche anterior. Todo esto sucedía y percibía mientras pensaba en meter la panza para no verme tan bastantona en la foto y que el fotógrafo más encantador de la historia me guiñara el ojo después de hacer la toma.

Siempre que ese hombre me toma fotos me quiero hacer la seductora, a ver si tengo suerte y logro conquistar para siempre ese corazón cautivo de toda mi romántica forma de amar.

Recuerdo también querer estar en Venecia y vestir a rayas con boina, pero el característico sonido de las tragamonedas avanzaba delante de mi cómo el vapor de olor tentador que dibujan en las caricaturas y que se mete por la nariz tomando posesión de su víctima y robándole la voluntad. Mi Plácida imagen mental siempre se veía interrumpida y terminaba transportándome a un casino interminable y envolvente del cual no se puede escapar en esa ciudad. Por suerte las veces que atendí a sus llamados no tenía mucho que apostar y no perdí nada. De hecho gané algunos dólares que luego me gasté en una tienda de tennis comprando Skechers con luces para mis chicas.

Definitivamente creo que no hay nada como viajar y luego ver las fotos y recordar. Mi novio dice que se disfruta más la aventura cuando ves las fotos, porque baja la presión del viaje, no está el cansancio, no está el afán, se ha ido el estrés, y todo está calmado, entonces solo evocas con agradecimiento el momento maravilloso que tuviste y ya se fue. Valoras más lo que hiciste cuando ya pasó y lo recuerdas, que cuando lo estás viviendo. Yo creo que en parte tiene razón.

En todo caso yo Ame Las Vegas y su mística única e incomparable, me enamoró el The Venetian Hotel y desde esa baranda del mall di las gracias por estar allí esa tarde gozándome la vida a mi manera particular y femenina de vivirla. 💕